Nuestra investigación sobre la relación entre los tsimane’ y los hongos va muy bien, y cada mes documentamos nuevas y fantásticas especies de setas, junto con sus usos, historias y chistes. Nuestra investigación sugiere que son especialmente las personas mayores las que saben sobre los bitatu’ (hongos) y que, actualmente, este conocimiento apenas se transmite a las generaciones más jóvenes. Por ello, uno de los objetivos de nuestra investigación es preservar y revitalizar este conocimiento, y es increíble ver cómo se reactiva el entusiasmo por los hongos con los talleres que hacemos.
Nuestro último viaje resultó muy especial en este sentido. Una tarde, ya al atardecer, estábamos descansando un rato en el campamento provisional que habíamos montado, tras un largo día de entrevistas y caminatas por el lodoso bosque. Hacía solo unos minutos que había caído un aguacero, y el sol poniente proyectaba ahora tonos anaranjados sobre la niebla que se elevaba de los árboles que nos rodeaban. Se nos acercó una familia, llevando en las manos grandes hojas de paya llenas de hongos. En un frenesí caótico de entusiasmo, nos contaron todos los nombres y usos de las más de 50 setas que habían recolectado. A menudo, varias personas hablaban al mismo tiempo, e Isidoro y Nelly, los investigadores tsimane de nuestro equipo, tuvieron dificultades para traducirlo todo a un español comprensible. ¡Qué maravillosa cantidad de conocimiento para documentar! Sin embargo, una lenta sensación de pavor se apoderó de nosotros cuando nos dimos cuenta del trabajo que esto iba a suponer. Cada hongo debe etiquetarse, tomarle una muestra de ADN, describirlo meticulosamente y luego secarlo en un pequeño hornillo de gas antes de que comience a descomponerse, lo cual ocurre mucho más rápido de lo que uno desearía en este bosque húmedo. Y todo esto mientras la oscuridad de la noche se abalanzaba sobre nosotros. A la mañana siguiente, tras dormir muy poco, estábamos desmontando el campamento y recogiendo nuestras cosas en las canoas para continuar nuestro viaje río arriba, cuando tres niños se nos acercaron con más setas. «¡Toma, para ti, bitatu‘!»