Conciliar el trabajo de campo y la familia multiespecie: Golfito, el mejor compañero de vida (y de investigación).

17/08/2026

Escrita por Mireia Alcántara Rodríguez.

Combinar la investigación con la vida familiar puede ser complejo, sobre todo durante el llamado trabajo de campo, más aún cuando este se realiza en zonas remotas. Sabemos que aún queda un largo camino para la conciliación real (sobre todo para las madres) cuando se trata de criaturas, pero ¿cómo lo hacemos con un familiar dependiente no humano? Durante el trabajo de campo, la mayor dificultad que he tenido en toda mi carrera científica no ha sido el tener que aprender a moverme en ambientes extremos (desde las profundidades de la selva amazónica a los páramos de los Andes), ni la humedad, el calor o el frío; ni siquiera los mosquitos (y demás bichos interesados en no pasar por alto ni un centímetro de mi piel). Tampoco la incertidumbre, el caos, la fatiga, los horarios dispares e interminables, el navegar culturas e idiomas distintos y contextos sociopolíticos inestables. Lo que realmente ha sido lo más duro que mi corazón ha aguantado durante estas estancias al otro lado del océano, ha sido el estar lejos de mi compañero de cuatro patas: Golfito.

Mi perro ha sido mi compañero leal durante 15 años. Ha estado allí durante las numerosas ocasiones que hemos cambiado de país y de casa, ha sido testigo de los múltiples trabajos que realizaba a la par que estudiaba. Me ha visto graduarme de mi maestría y unos cuantos años después, de mi doctorado (obviamente, ha estado en ambas celebraciones). Ha escuchado mis presentaciones académicas antes que ninguna audiencia (y me ha ayudado a regular la ansiedad que me provocan); ha estado siempre a mi lado mientras escribía, analizaba datos o me volvía loca intentando extraer un sentido del cacao intelectual que tenía delante de mí. Me ha acompañado en miles de paseos mientras divagaba en mis pensamientos y ordenaba las ideas. Golfito ha sido la única constante en mi vida en estos últimos 15 años y durante toda mi carrera como etnobotánica. Ha sido mi apoyo emocional, físico y mental; y dudo mucho que hubiera llegado donde estoy hoy día si no fuera por él. Ha sido, es y será, el amor de mi vida.

Siempre que surgía una campaña de campo, me enfrentaba a un dilema doloroso: el estar lejos de Golfito por periodos más o menos prolongados. No ha sido fácil y no voy a entrar mucho en detalle sobre como lo resolvía (de todas formas, era una resolución imposible). Algunos comentarios con los que he lidiado: “es solo un perro”, “puedes tener a otro allá”, “cómo te marchas, siendo un perro anciano”; no solo no ayudan, sino que denotan una falta de empatía importante. Si alguien está pasando por una situación semejante con su compañero peludo, ¡no estás sola! No es fácil conciliar un trabajo de estas características con los cuidados de nuestros seres queridos, y cuando se trata de animales no humanos, desafortunadamente no se suele entender ni reconocer el desgaste emocional y físico que conlleva.

Por ello, agradezco con todo mi corazón a mi familia, a mi compañero de vida humano y a algunas de mis amistades por haber estado allí, cuidando de Golfito cuando yo no podía. Sin estas redes de cuidados, no podría haber crecido como investigadora de esta manera y haber vivido las experiencias y los aprendizajes tan profundos que he tenido en campo.

Gracias también al equipo IEK-CHANGES por su paciencia y apoyo durante mi duelo (tanto el anticipado como el que me acompaña hoy día). Mi trabajo en Bolivia se tuvo que acortar y posponer debido al acompañamiento que necesitaba Golfito en la última fase de su vida. Aquí la decisión estaba clara y no me iba a mover de su lado. Pero podría haber sido todo mucho más difícil, sobre todo si nuestro PI, Álvaro, no me hubiera ofrecido tanta flexibilidad y empatía, por la cual le estaré eternamente agradecida.

Por último, gracias mi Golfito, mi bebé, mi lobito lindo, por haberme acompañado en esta vida. Definitivamente, la mejor aventura hasta el momento la he vivido contigo. Se me derraman las lágrimas mientras escribo estas líneas en el avión. Esta será la primera vez que aterrice y no estés en casa para recibirme. Pero sé que aún estás a mi lado, que eres parte de mí, (y yo de ti) y que de alguna manera te sentiré de nuevo al llegar al hogar, un hogar del que siempre serás parte. Estemos donde estemos, ya no habrá selva ni cerros que nos separen.

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