Después de diez meses de trabajo de campo, Robin se va. Ha sido un año increíble, con un millón de experiencias indescriptibles que lo acompañarán toda la vida. Lleno de un profundo respeto por el pueblo Tsimane’ y maravillado por la belleza de sus tierras, ríos y todos los seres que los habitan (excepto esos malditos mosquitos y mariguís), ahora está terminando su estancia en Bolivia antes de regresar a Europa. Unas cuantas visitas más al Herbario Nacional en La Paz, algunas mañanas fría a 3800 metros procesando las últimas notas de campo y, por fin, por fin, darse el lujo de disfrutar de un buen café.